| (no subject) |
[Apr. 8th, 2009|02:20 pm] |
| [ | Mood |
| | después de la tormenta... | ] |
| [ | Music |
| | George Delerue- La nuit americaine | ] |

Creo que, en cierta manera, veo la vida como la ven las mujeres, es decir, todas las actividades humanas me parecen ridículas, irrisorias, la ambición me parece una cosa estúpida, sin sentido y sin interés. Por tanto, en estos aspectos tengo una mirada un poco de mujer. Pero a las mujeres yo las conozco como hombre, y lo que pasa conmigo es que, sin ponerme a defender a la mujer, mis películas están casi siempre en contra de los hombres, y a los hombres no les gustan. 'Jules et Jim' en América del Sur es casi una revolución. Cuando se proyecta, quieren destrozar el cine porque la detestan. Los hombres detestan también 'La piel suave' y 'La sirena del Mississipi' porque dicen que la mujer es mucho más fuerte que el hombre y creen un error mostrar a Belmondo tan débil. Son hombres que tienen miedo, que son cobardes, que son más débiles que las mujeres. Yo veo así a los hombres, y los hombres lo detestan. Quieren ver a alguien que se les parezca, pero que sea mejor que ellos. (...) La mujer domina siempre la situación; domina antes, durante y después. Y también cuando una mujer cambia de amor, su reacción es muy bonita, porque la mujer que ha dejado de amar detesta su vida anterior, y aunque él se tire por la ventana es igual; ya no tiene corazón, no siente nada. Si el otro la quiere, ella hace sus maletas y se va con él. Una mujer sabe partir. El hombre no. Tiene todavía un pie dentro, otro fuera, está preocupado, se pasea... ¿Por qué? Porque es social.
He aquí un parlamento que es a la vez su credo: “Ninguna vida privada marcha bien. Hay más armonía en el cine que en la vida, Alphonse. No hay atascos de transito en los filmes, no hay agujeros, no hay tiempos muertos. Las películas avanzan como trenes en la noche. Y la gente como tú y como yo estamos hechas para ser felices en el trabajo, haciendo cine”.
François Truffaut:
De frente y ante nosotros la esencia misma de la cinefilia, ese pacto inaudito de sedientos que solo se calman ante una sala de cine en penumbras. El director que con más propiedad nos ha mostrado a la infancia y sus dolores, a las mujeres y a lo que llegamos a hacer por ellas ahogados de pasión, fue el primer crítico de cine autodidacta que acabó, como por azar, convertido en celebridad publica, un enfant terrible de las revistas Cahiers du Cinéma y Arts, un monstruo creado por André Bazin que demostró que era posible dar el salto a la dirección sin pasar por la academia y lograr aprender el oficio no en las aulas, sino –literalmente- viendo, tocando y respirando cine, así como contagiándose del contacto con sus creadores. Su frenesí imbatible por las películas, la música y los libros dieron forma a una de las filmografías más coherentes y hermosas que ha dado el cine francés.
El amor al cine
La noche americana resumió toda esa pasión en una sola cinta y lo que obtenemos es la vivencia agradecida de un hombre, una autentica profesión de fe en un arte.
Ferrand, el director de cine que Truffaut interpreta en ese filme no está dirigiendo una película, está haciendo un diario de su propio existir. El proyecto ficticio a filmar se llama Je vous présente Pamela y es una mirada nostálgica pero contundente a las bambalinas de un rodaje, a la tras escena no siempre feliz en la que transcurren los días que dura la realización de una película. Lo curioso es que el supuesto filme a realizar no es una obra "de autor" sino una película comercial de pocas campanillas, pues el propósito de Truffaut era básicamente anecdótico, no técnico: "No voy a revelar toda la verdad acerca del arte de filmar, sino algunas cosas reales que ocurrieron en mis películas anteriores o en las de otros". El resultado es una historia de amor... al cine.
Presentada fuera de competencia en el Festival de Cannes, se estrenó en París a fines de mayo de 1973, para complacencia de público y crítica. El tres de abril del año siguiente, en el Music Center de Los Angeles, el actor Yul Brynner le entregaría el Oscar a la mejor película extranjera por La noche americana.
Truffaut pensaba que el cine era mejor que la vida. ¿Queda alguna duda?
Amor Fou
En 1962 filma Jules y Jim, adaptación de la primera novela del septuagenario autor Henri-Pierre Roché, y que había tenido oportunidad de leer en 1956. La película es ideal para mostrarnos a la mujer sin ataduras, impredecible e impulsiva que tanto admira. La vitalidad de Catherine (interpretada por Jeanne Moureau) arrastra consigo a dos amigos en un torbellino que sólo la muerte podrá resolver. Otro triángulo amoroso, pero con cambio de género, es el que nos muestra diez años después en Las dos inglesas y el continente –originalmente otra novela de Roche- donde ahora el foco de atención es un hombre -Claude (Jean-Piere Léaud)-, cuya presencia perturba y divide a dos hermanas, Anne y Muriel. El director intenta mostrarnos aquí las diferentes etapas que una relación amorosa enfrenta a medida que las personas maduran: al principio el amor adolescente y platónico, que se cree eterno e infinito, entre Claude y Muriel; después el amor físico adulto entre Claude y Anne. Entre ambos extremos veremos la fugacidad de las parejas ocasionales que servirán de aprendizaje, así como también el adulterio y, porqué no, la auto satisfacción. La muerte también jugará sus cartas para dar por terminado, con dolor, este conflicto afectivo.
Truffaut identifica la pasión amorosa con la locura, con la incapacidad de reflexionar con claridad cuando estamos frente al objeto de nuestros afectos. Y lo más curioso, ve a la pasión desbordada como un exceso punible que debe ser castigado.
Pero si de locuras amorosas se trata, del amor fou llevado al extremo, hay dos películas definitivas: La historia de Adele H y La mujer de al lado.
En la mujer de al lado, una antigua pareja que el destino reúne de nuevo ahora como vecinos. Lentamente la pasión volverá a encenderse entre ellos, lentamente caerán en el fuego y arderán allí -obsesos, ciegos, sedientos- sin remedio alguno. Hay algo de patetismo en la descripción de su necesidad perturbadora de verse, en su incapacidad para separarse a pesar de que no tienen nada a favor y que saben -lo peor es que lo saben- que están condenados. Lo decía Truffaut, "Cuando una relación amorosa termina mal y nos deja despedazados, nos sentimos ´como de recoger con cuchara´. Todo a nuestro alrededor parece tener algo que ver con nuestro drama personal. Cada película, cada novela -si acaso estamos aún en condiciones de ver o leer- parece parafrasear nuestra lamentable aventura, cada canción escuchada en la radio habla sobre nosotros, expone nuestros errores y confirma nuestras humillaciones. He aquí los estados extremos del amor que había querido mostrarles desde hace algún tiempo".
El único que ha conseguido consolarme cuando estaba incosolable con sus palabras, sus fotogramas y sus secuencias. Respiraba y me rellenaba de todo lo que decía...hasta sonreir. Y aún hoy sigue causándome el mismo efecto.
Se lo merece, que nunca le había dedicado más de una cita :) Sobra decir que os recomiendo todas y cada una de sus películas ( hasta las malas) de sus cortos y de sus producciones. No os arrepentireis.


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